Cero grados y lluvia continua: el invierno alcanza a un centenar de personas en Barakaldo durmiendo en la calle

Barakaldo, 6 ene 2026. Las temperaturas rondando los cero grados han sorprendido en la primera semana del año al al menos centenar de personas que duerme cada día en la calle en Barakaldo. Con previsión de lluvias un día sí y otro también, el invierno agrava la situación de quienes sobreviven bajo puentes, en tiendas de campaña o, en el peor de los casos, cubiertos sólo con un plástico sobre un colchón empapado. Es la realidad en un Barakaldo donde sólo hay un albergue para personas sin hogar y con sólo 34 plazas.

Con el comedor social de Cáritas atendiendo a 186 personas sin hogar el último año y el Defensor del Pueblo Vasco —Ararteko— advirtiendo de que hay incluso familias con niños en la calle y que el Ayuntamiento de Barakaldo desaloja sin ofrecer alternativas y ha eliminado el programa de intervención para estas situaciones, 'Barakaldo Digital' ha visitado durante este periodo festivo e invernal parte a las zonas en la que los afectados buscan refugio.

Lo que resulta más evidente es que el Consistorio ha intentado quitar de la vista pública el problema. El pórtico de la iglesia de San Vicente ya no tiene gente durmiendo porque la policía local irrumpió y la echó. A la entrada al centro urbano, en la zona del centro de reciclaje 'garbigune', tampoco hay rastro tras otra operación de la guardia urbana que dejó dos heridos graves por bala. Un informe oficial indica que hubo incumplimientos deontológicos y legales.

En las entradas a las entidades bancarias hay menos personas durmiendo, pero quedan algunas y la reducción se ha producido, entre otras razones, porque los bancos han hecho obra para que los cajeros no tengan espacio para quienes no tienen hogar. 

Así, entre la presión de la policía y la reforma de las oficinas financieras, decenas de sin hogar se mueven de una zona a otra y buscan áreas donde su presencia no sea tan evidente. El problema no desaparece sino que se traslada y se oculta.

En Rontegi, el parque de El Fuerte, abandonado por el Ayuntamiento desde hace años y, en consecuencia, en estado de degradación, hay varios asentamientos más o menos evidentes. A finales de mayo, se anunció que la policía había desalojado a "media docena de personas en un estado que perjudicaba seriamente su salud ante la gran cantidad de basura o insectos". No se les ofreció alternativa, se les echó. 

Los resultados de estas acciones duran poco. A mediados de diciembre intervenían de nuevo en el mismo lugar. En español y en árabe, un cartel de la Policía Municipal pedía: "Retiren los enseres, se va a proceder a realizar limpieza el 19/12/2025". Sólo 48 horas después, en el área seguía habiendo campamentos.

Cartel de desalojo en El Fuerte

La inmensa mayoría de las personas que vive en la calle son varones y, aunque hay casos de enfermedades mentales y adicciones, casi todos son inmigrantes del norte de África. Suelen ser muy jóvenes. Quienes mantienen relación con ellos subrayan que no suele haber conflicto. Debido a que son musulmanes, no consumen alcohol ni drogas. Sólo quieren estudiar y, sobre todo, trabajar para enviar dinero a casa. 

Pero el objetivo no es fácil. Hay muchos problemas de desconocimiento del idioma y tampoco entienden el funcionamiento de la sociedad aquí. Los recursos a su disposición son muy limitados. El propio informe oficial sobre el tiroteo por parte de la Policía Municipal destaca que las intervenciones se realizan usando sólo el español cuando la mayoría no entiende el idioma o lo hace con dificultad.

De día, se les ve en zonas urbanas a la espera de una oportunidad de algún trabajo o, los que tienen más suerte, a entrar en contacto con alguna de las asociaciones que ayudan con aspectos desde el aprendizaje de la lengua a la busca de alojamiento o el comienzo en el mundo del trabajo. Cuando la situación climatológica se complica y durante la noche, regresan a sus refugios.

Las condiciones son de absoluta precariedad y el invierno convierte alguno de los espacios en lugares más que indignos. Fuera del alcance de los vecinos, un asentamiento se sitúa en los pilares bajo la autopista, a la altura de Zubileta. Las aguas fecales apestosas caen alrededor del espacio que, con cuerdas y mantas, han acondicionado para protegerse del viento.


En Lutxana, en los antiguos terrenos de las fábricas de Rontealde y Sefanitro, hay varios asentamientos que no levantan quejas porque no se ven. El muro y vallas metálicas que los separan del resto de barrio hacen que no existan a los ojos de los residentes en el área. Los chicos que viven allí cuidan su apariencia y nadie diría que duermen a la intemperie en este enorme terreno donde persiste el olor a químicos contaminantes. En las tiendas improvisadas, tienen ordenados los cacharros y cocina, y la ropa está colgada para que se seque cuando el tiempo lo permite.

La iglesia de San Vicente está ahora libre de personas sin hogar, pero siguen en el barrio, discretamente viviendo en la calle en un espacio menos evidente. Las tiendas de campaña se han movido al parque junto al cementerio, hacia la carretera de La Bondad, la que conduce al Valle de Trápaga.  Un vertedero por la ladera desvela la ubicación, que no resulta tan evidente.


Los túneles entre Lutxana y Ansio también suelen acoger a algunos sin hogar. El puente les protege de la lluvia, pero, de nuevo, cada cierto tiempo llega la policía que les empuja fuera y hacia otra zona. 

Las decenas de miles de personas que han llegado al Parque Infantil de Navidad (PIN) en la feria de muestras BEC! no se han dado cuenta, pero media docena de colchones tirados en la calle sirven de cama a otras tantas personas a sólos unos pocos metros de la estación del metro y del bloque de minipisos que se alquilan a partir de 900 euros al mes por 24 metros cuadrados. 


La precariedad absoluta siempre puede empeorar. Con la excusa de que los puentes del río Castaños pueden verse afectados por crecidas porque es zona inundable, el Ayuntamiento también hace periódicas "limpiezas" en las que retira las tiendas de campaña en la que viven decenas de personas en las proximidades de Megapark. Si se descuidan y no están en el lugar en el momento, las personas sin hogar se encuentran que la policía ha retirado todo. Pierden así las tiendas de campaña, ropa y escasos bienes personales que tienen. 


El mensaje de los políticos municipales apunta en ocasiones a la criminalización y alimenta los temores de los barakaldeses. Si se produce un fuego en el polideportivo de Lasesarre, el Ayuntamiento, sin hablar abiertamente sino mediante comentarios encubiertos, sugiere que son los inmigrantes sin hogar los culpables. No se explica que quienes dormían allí lo hacían porque no tienen otra opción o que una fogata es el único medio con el que se puede combatir el frío intenso si se vive sin techo. Las inmediaciones de la instalación deportiva siguen acogiendo a personas que no tienen otro sitio en donde sobrevivir.


Ni votan ni despiertan la solidaridad de muchos vecinos, así que los recursos del Ayuntamiento y el resto de las instituciones para ayudar y dignificar las condiciones de las personas sin hogar son muy limitados y, en lugar de incrementarse, en no pocas ocasiones se reducen o se endurece la persecución. No hay dinero para que puedan dormir bajo cubierto, pero cada cubrimiento de un parque infantil se paga a una media de medio millón de euros y van 12 zonas de columpios con tejavana en los últimos 10 años.

Las mujeres sin hogar se quedaron sin piso refugio en diciembre de 2024 y un año después siguen sin él y el Ayuntamiento que prometió una salida rápida no la ha proporcionado. El Ayuntamiento de Barakaldo, con Gobierno de PNV y PSE, ha eliminado de los presupuestos toda la ayuda para el desarrollo de países pobres, que era una medida que debía ayudar a que quienes viven en naciones deprimidas puedan mejorar y no tengan que emigrar. Ningún partido ni organización ha advertido de las consecuencias.



 


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