Un trabajador despedido del Mercadona ha denunciado que la empresa le echó por pedir una reducción de jornada para el cuidado de su hijo, impugnar una prima y comunicar que iba a ser padre. El obrero ha asegurado que en el sector del comercio "muchas veces se trabaja al límite" y ha reclamado "el derecho a trabajar con dignidad, sin miedo y con respeto".
Por su parte, un empleado de la educación pública ha alertado de las "ratios elevadas, plantillas inestables, burocracia creciente y una salud laboral cada vez más deteriorada", y ha acusado al Gobierno Vasco de desarrolla una "política que debilita poco a poco la red pública".
Volvemos a levantar la voz con rabia, con dignidad y con conciencia de clase, frente a un sistema que nos empobrece y nos precariza mientras concentra la riqueza en cada vez menos manos.
Compañeras y compañeros,
En este Primero de Mayo quiero comenzar enviando todo nuestro apoyo a las trabajadoras y trabajadores que hoy están en lucha en defensa de sus derechos: a las compañeras y compañeros de Mercadona, que resisten la represión sindical; a la plantilla de Tubos Reunidos, que lleva ya 80 días de huelga indefinida en defensa de sus puestos de trabajo; y a la dignidad obrera en Astilleros de Murueta, frente a la prepotencia patronal.
No estáis solos. Vuestra lucha es la nuestra. Y seguiremos con el puño en alto hasta la victoria de la clase trabajadora.
Hoy no marchamos por nostalgia ni por mero ritual.
Marchamos porque el presente arde y el futuro nos lo quieren arrebatar.
Marchamos porque el trabajo sigue siendo explotación, porque la obediencia se nos impone y porque la dignidad aún se negocia en mercados que nunca elegimos.
Cada jornada precaria, cada derecho recortado, cada vida subordinada al beneficio de unos pocos confirma que no hay reforma suficiente dentro de este sistema.
No hay futuro sin desobediencia, compañeras y compañeros.
Desobedecer es recordar que no nacimos para acatar órdenes injustas. Es negarse a aceptar que la vida se reduzca a sobrevivir. Es organizarnos sin amos, construir sin permisos, resistir sin miedo. La desobediencia no es caos: es la semilla de un mundo nuevo, nacido desde abajo, horizontal, solidario y libre.
No queremos una emancipación impuesta desde arriba. Queremos una emancipación lograda con nuestras manos, con nuestra organización, con nuestra conciencia y con nuestra lucha.
Frente a quienes nos quieren aisladas, elegimos la comunidad.
Frente a quienes nos quieren dóciles, elegimos la acción directa.
Frente a quienes nos quieren cansadas, elegimos la lucha compartida.
Vivimos en un mundo atravesado por guerras abiertas y conflictos permanentes, donde millones de personas son desplazadas, explotadas o sacrificadas en nombre de intereses que nunca son los suyos.
Pero la guerra que nos imponen no es la nuestra. No luchamos por mercados ni por los beneficios de élites políticas o económicas que jamás pisan el frente. La paz que defendemos no es la del silencio, ni la de los cementerios, ni la paz impuesta por la fuerza. Es una paz construida desde abajo, desde la justicia social y la igualdad real.
Porque no puede haber paz mientras exista explotación, mientras la riqueza de unos dependa de la miseria de otros, mientras la vida esté subordinada al poder y al beneficio. Rechazamos un mundo donde la violencia es negocio y la guerra una industria. Rechazamos que nuestras vidas sirvan para sostener sistemas que necesitan del conflicto para perpetuarse.
Nuestra paz nace del apoyo mutuo, de la solidaridad entre pueblos, de la desobediencia frente a quienes nos empujan al enfrentamiento. Es la paz de quienes se niegan a matar y a morir por intereses ajenos. Es la paz que se construye organizándonos, resistiendo y creando alternativas.
Hoy, como ayer, el anarcosindicalismo no pide permiso: construye. Desde los sindicatos de base, las redes de apoyo mutuo, las huelgas, las okupaciones, las cooperativas y las calles.
Allí donde haya explotación, habrá resistencia.
Allí donde haya obediencia, habrá rebeldía.
Que tiemblen quienes sostienen este mundo viejo. Que se escuchen nuestras voces en cada centro de trabajo, en cada barrio y en cada rincón del planeta.
Porque no esperamos el futuro: lo estamos creando.
Gora maiatzaren lehena!
Gora langileon borroka!
¡Viva la anarquía!
Hoy, en el Día Internacional de los Trabajadores, salimos a la calle porque los derechos laborales no fueron un regalo, sino el resultado de la lucha de la clase trabajadora. Y esa lucha sigue siendo necesaria hoy.
En sectores como el comercio, en empresas como Mercadona, el trabajo diario está marcado por ritmos muy exigentes, mucha presión y cada vez menos margen para el error. Cada vez hay menos personal, más tareas y más carga de trabajo. Y muchas veces se trabaja al límite.
En ese contexto, cuando las personas trabajadoras intentan defender sus derechos o organizarse sindicalmente, muchas veces no es fácil.
En mi caso personal, después de años trabajando en Mercadona y tras ejercer derechos laborales básicos como solicitar una reducción de jornada para el cuidado de mi hijo, impugnar una prima y comunicar que iba a ser padre, mi situación laboral cambió y finalmente fui despedido.
Doce días antes de que naciera mi segunda hija me encontré en esa situación.
Por eso hoy estamos aquí.
Para defender algo muy sencillo: el derecho a trabajar con dignidad, sin miedo y con respeto.
Porque sin la clase trabajadora no hay comercio, no hay empresa y no hay economía.
Y frente al capitalismo que precariza, frente al fascismo que divide y frente a la guerra que destruye pueblos, la respuesta sigue siendo la misma: organización, solidaridad y lucha de la clase trabajadora.
Eskerrik asko.
Gora langileon borroka!
Intervención de un trabajador de la educación pública
Egun on guztioi! Langileok, ikasleak, irakasleak, bizilagunak!
Hoy salimos a la calle en este Primero de Mayo para recordar algo sencillo pero esencial, para recordar que nada de lo que tenemos nos lo han regalado, y que todo aquello que no defendamos, acabaremos por perderlo.
Os hablo como trabajador de la educación pública, pero también como parte de una comunidad que sostiene servicios básicos cada día. Porque lo que ocurre en las aulas no es en absoluto ajeno a lo que ocurre en el conjunto de los servicios públicos. Se trata del mismo proceso de recortes, de imposiciones y de pérdida de derechos que vivimos día tras día.
En nuestros centros escolares, mientras se repiten discursos sobre innovación y calidad, la realidad es bien otra: ratios elevadas, plantillas inestables, burocracia creciente y una salud laboral cada vez más deteriorada. Seguimos sin percibir mejoras reales, mientras la administración acumula promesas que luego se retrasan, se diluyen o simplemente no se cumplen.
Al mismo tiempo, se toman decisiones sin contar con quienes estamos en los centros. La supresión de líneas y etapas educativas, como en el caso de Txurdinaga Behekoa y tantos otros centros, no es una excepción, sino el reflejo directo de una política que debilita poco a poco la red pública. No son reorganizaciones neutras. Son recortes que rompen proyectos, que obligan a desplazamientos y que castigan, una vez más, a los barrios populares.
La bajada de natalidad podría ser una oportunidad para mejorar la educación: a menos alumnado, más atención y mejores condiciones para todos. En lugar de eso, sufrimos cierres, fusiones y menos inversión. Es decir: más carga para quienes trabajamos y menos derechos para quienes estudian.
Nada de esto es inevitable. Nada de esto es un destino.
Joera autoritario eta pribatizatzaile honen aurrean, CNTtik argi daukagu zein den bidea: ikastetxeetan bertan geure burua antolatzea, erabakiak asanbladetan hartzea, elkartasuna sendotzea eta hierarkiarik gabeko sindikalismoa garatzea. Izan ere, inork ez du gurea guk geuk baino hobeto defendatuko.
La educación pública no se salvará pues desde despachos lejanos, sin diálogo ni respeto. Necesitamos una educación basada en el antiautoritarismo, en la autogestión y en el apoyo mutuo. Una educación que no reproduzca desigualdades, sino que las combata.
No nos resignamos, porque otra forma de luchar, de enseñar y de aprender es posible. Y porque solo la educación puede romper las cadenas que nos imponen la ignorancia y la dominación.
Defenda ditzagun hezkuntza eta zerbitzu publikoak.
GORA ESKOLA PUBLIKOA! GORA ZERBITZU PUBLIKOAK!
GORA LANGILEON BORROKA!




























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