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Sin Fronteras | Iker Izquierdo, en Taiwán hasta que la vida lo vuelva a "poner en camino”

Iker Izquierdo (derecha) entrevista a Fidel Castro hijo cuándo éste presentó el equipo de Béisbol cubano en Taiwán

por Mariela Estévez Campos | Fotos cortesía de Iker Izquierdo

El chico enfermizo que jugaba en la plaza de Retuerto y en el equipo del barrio ha terminado a 10.600 kilómetros de la anteiglesia, en Taiwán, en aquella misma cultura que reflejaban las películas que veía de niño en el cine de la iglesia al que le llevaba su abuelo. Iker Izquierdo (1981), que estudió Historia en la Universidad de Deusto y en la University College de Dublín, trabaja como periodista en Radio Taiwán Internacional y en China Files, además de como traductor independiente. Es su actual destino, donde ha encontrado también el amor, pero seguramente no será la última estación de su viaje vital que la ha permitido ya conocer China, Japón, Corea del Sur, Tailandia, Turquía, "la maravillosa Italia" o el norte de África, entre muchos lugares. Bibliófilo, lector compulsivo de los periodistas españoles del primer tercio del siglo XX y de filósofos judíos de todas las épocas, enamorado del western y del cine negro, no descarta trasladarse a vivir a Los Ángeles o retornar a España, aunque, de momento, se encuentre muy a gusto en Taipei. Confiesa este también estudiante de piano en el Conservatorio que ya no vuelve mucho a Barakaldo, pero su paso por la ciudad tiene una cita imprescindible: la Librería San Antonio, "una de las mejores librerías de viejo de toda España".


En Kioto, en Japón
Pregunta. ¿En qué lugares ha estado desde que se fue de Barakaldo?
Respuesta. Muchos. Primero me mudé a Gijón. De allí ‘regresé’ a Castro Urdiales, donde siempre veraneé y pasé los fines de semana mientras vivía en Barakaldo. Después he vivido en Dublín y Madrid. He viajado por Europa, sobre todo la maravillosa Italia, Turquía, norte de África, Corea del Sur, Japón, Tailandia, India y China continental. Mi último destino es Taiwán. De momento.

P. ¿Cómo acaba un estudiante de Historia trabajando de periodista en China?
R. Cuando me mudé a Taiwán no quería trabajar de profesor de español. Sinceramente, aborrezco dar clases de idioma. No estoy preparado y no me gusta engañar a la gente. Una cosa es hablar una lengua y otra enseñarla. Tuve suerte y un par de meses después de llegar se anunciaban dos vacantes en la sección española de Radio Taiwán Internacional. Hice el examen, pasé la entrevista y aquí estoy.

P. ¿Con que formación contaba para este puesto?
R. Supongo que me sirvió el buen manejo del idioma que adquirí mientras estudiaba la carrera y también mi lectura compulsiva de periódicos, y sobre todo de aquellos maestros de la era dorada del periodismo español, años veinte y treinta. Me refiero a Julio Camba, Josep Pla, Chaves Nogales, Gaziel o González Ruano. Creo que algo les debo.

P. ¿En qué consiste exactamente su trabajo?
R. En la radio tenemos que traducir del chino al español las principales noticias del día y después armar un informativo para ser radiado a Europa e Hispanoamérica. Además de los informativos, tenemos una serie de programas semanales que debemos producir, sobre aspectos concretos de la realidad de Taiwán: deportes, cultura, política, economía y medios de comunicación, entre otros temas. Nuestra tarea es básicamente presentar Taiwán al mundo hispanohablante. Nuestra sección es importante ya que varios de los pocos aliados diplomáticos que le quedan a Taiwán son de habla hispana: Panamá, Nicaragua, Guatemala, Paraguay, Honduras, El Salvador o República Dominicana. Tenemos mucho contacto con estas embajadas y solemos acudir a cubrir todos los eventos que organizan.

P. ¿Por qué Taiwan?
R. Nunca estuvo en mis planes iniciales siquiera visitar Taiwán, pero en mi necesidad de aprender chino en un lugar nativo decidí solicitar una beca de idioma que concede todos los años el Ministerio de Educación de Taiwán a través de la oficina de representación en Madrid. Y me la concedieron. Estuve un año en Taipei y me enamoré de la ciudad. Allí conocí a la que andando el tiempo sería mi actual esposa. La decisión de establecerme aquí resulta así obvia. Además, el país conserva vestigios del imperio español: un par de fuertes del siglo XVII, Santo Domingo y San Salvador, en la costa norte de la isla.

Junto al cocinero jefe el emblemático restaurante 

Shin Yeh y al buen amigo y mayor experto 
culinario de Taiwán, Francis Liang
P. ¿Ha estado en China comunista?
R. Sí. Pasé dos de los mejores años de mi vida en Pekín, entre 2007 y 2009. Viajé mucho por el país, aunque no se puede ver todo. Es inmenso. Fue todo un aprendizaje político y sentimental.

P. ¿Qué diferencias, además de las obvias derivadas del régimen político hay entre los ciudadanos de las dos chinas?
R. La más llamativa es el acento. Muchas veces, cuando voy en el metro o paseo por algún lugar turístico de Taipei y escucho un acento fuerte y algo raro, ya sé que es un turista de China continental. Después están las maneras. El continental está un poco asilvestrado, mientras que el taiwanés mantiene unos usos más acordes a los nuestros, quizás por influencia japonesa y norteamericana. También hay diferencias a la hora de hacer negocios. Incluso los taiwaneses recelan y se encomiendan a Buda antes de hacer negocios en China continental, por lo que pueda pasar.

P. ¿Estudió chino mandarín con la intención de irse o cuando ya estaba instalado en el país?
R. Lo primero. Empecé a estudiarlo en Madrid, seguí en Pekín y lo rematé en Taiwán.

P. ¿Qué es lo que más le gusta de la vida en Taipei?
R. Muchas cosas, pero yo destacaría tres. La primera es la comodidad. Taipei es una ciudad muy grande pero sin ser monstruosa como Tokyo, Pekín o México, con lo cual se hace muy manejable y no te entra pereza cuando quieres desplazarte a algún sitio. Además, el transporte público es fantástico. En segundo lugar, la gente de la ciudad. Al contrario que en otras grandes capitales del mundo, aquí la gente es muy solícita y amable, con un espíritu acogedor más propio de provincias que de la capital. Aquí sí que se puede dar la vuelta al librito de Antonio de Guevara ‘Menosprecio de corte y alabanza de aldea’. En tercer lugar, los restaurantes y las librerías. Buenos y baratos los primeros; grandes y bien surtidas las segundas. Además una de ellas abre las 24 horas. Todo un sueño para un bibliófilo como yo, aunque desgraciadamente no hay libros en español.

P. ¿Y lo que menos?
R. Lo que menos es lo que los propios habitantes de Taipei detestan: el calor húmedo de los meses centrales del verano. Cuando te plantas en el asfalto de la ciudad con 38 grados y una humedad del 80%, un día sí y otro también, te planteas seriamente mudarte a otro sitio con un clima más benigno. Pero para cuando te haces a la idea llega el otoño y se te pasan las ganas.

P. ¿La comida es similar a la que estamos acostumbrados a comer en los restaurantes chinos españoles?
R. Me temo que no. Me atrevería a decir que es radicalmente diferente. En China hay gran variedad regional en la cocina, pero ninguna de estas variedades se parece al rancho que sirven los chinos en España. Hablo en general claro. En Madrid y en Barcelona puedes encontrar restaurantes chinos donde se prepara la comida como lo pueden hacer en los restaurantes de China, pero desde luego no es la norma.

P. ¿Y los bazares?
R. En los bazares ya hay más similitud. Es muy habitual en China, en incluso en Taiwán —aunque menos…, ver bazares donde los dueños hacen su vida diaria, con su vivienda en el segundo piso o en la trastienda. Eso en España todavía no se da, que yo sepa, aunque tiempo al tiempo.

P. ¿Cómo fue su infancia en Barakaldo?
R. La de un chico algo enfermizo que mientras estaba en la cama con fiebre o con asma se ponía a ver películas antiguas en la tele —las de sobremesa de TVE—, documentales de zoología —tigres, leones, ciervos y esas cosas— y leer tebeos o enciclopedias infantiles de medicina y biología. Después, cuando mi salud me lo permitió, comencé a jugar al fútbol —en el Retuerto— y a estudiar piano en el Conservatorio de Barakaldo.

La mascota de las fiestas de Retuerto
P. ¿Qué recuerda de la ciudad?
R. Me acuerdo de la plaza de Retuerto cuando aún no estaba urbanizada y era un trozo de arena donde podías encontrar de todo, incluyendo jeringuillas —era la época dura de la heroína—. También recuerdo el itinerario que debía seguir todos los días de mi casa hasta el colegio. Cada padre del grupo de amigos que desde Retuerto íbamos juntos al mismo colegio se turnaba para llevarnos en coche y traernos de vuelta. Recuerdo el campo de Lasesarre cuando ocasionalmente íbamos a ver algún partido y el gran ambiente que se vivía, entre festivo, futbolero y algo etílico. Casi parecía un campo de rugby de Irlanda, brumoso, húmedo y extremadamente ruidoso.

P. ¿Dónde estudió?
R. En el colegio de los paúles del barrio de San Vicente, al lado de Minas y Beurko, y cerca del Conservatorio de Barakaldo. Tuve excelentes profesores, a los cuales aún recuerdo vivamente.

P. ¿Qué echa de menos de esa época?
R. Que los veranos eran muy largos. Parecían años enteros. Y podías jugar sin parar hasta las 10 u 11 de la noche porque todavía no se había echado la noche encima. Antonio Machado lo resume bien en aquellos versos inacabados que garabatea en un papel tras haber cruzado la frontera francesa en 1939: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

P. ¿Vuelve alguna vez a Barakaldo?
R. Para ser sinceros, más bien poco. Mi familia reside en Castro Urdiales y cuando regreso a España para visitarlos tengo que pasar por Barakaldo necesariamente. Yo diría que la única razón de visitar Barakaldo por voluntad y no por necesidad es la de acercarme a la Librería San Antonio, una de las mejores librerías de viejo de toda España.

P. ¿Hasta ese punto es buena?
R. Así, sin exagerar un ápice. He encontrado auténticos tesoros en ella. Incluso recientemente pedí a mi padre que se acercara hasta allí para comprarme una edición rara de una novela inacabada de Raymond Chandler, que uno de estos días me llegará por correo a Taipei. También encontré allí un libro de Gustavo Bueno, prácticamente imposible de encontrar actualmente en versión impresa. De verdad, una joya de librería.

P. ¿Qué deberían copiar los barakaldeses a los taiwaneses?
R. No sabría decirlo. Hace ya mucho tiempo que me marché. Desconozco cuál es la idiosincrasia actual de los barakaldeses.

P. ¿Y qué se llevaría de Euskadi para Taipei?
R. Si tuviera que llevarme algo de mi país a Taipei serían las librerías. Prácticamente es imposible conseguir libros en español si no es por correo internacional —carísimo—, con lo que me tengo que contentar con libros en chino y en inglés —que tampoco está mal, ojo—.

P. Aficionado al 'western', al cine negro y además también habla inglés. ¿No se sentiría más ubicado en Estados Unidos?
R. Cierto. Lo he pensado muchas veces y confieso que últimamente he venido dándole vueltas a la idea de mudarme a Los Ángeles, donde tengo algunos amigos. Pero no es tan fácil. Sin duda me gustaría pasear por esas calles de leyenda o visitar los escenarios de la Guerra de Secesión, ver las fundaciones españolas de California o montar a caballo en las planicies de Montana. Y cómo no, jugarme los cuartos en un casino de Las Vegas antes de ver un buen combate de boxeo. Pero mudarse a otro país no es tan fácil como parece a simple vista. Y eso que yo tengo ya mucha experiencia.

P. ¿Por qué su interés por el judaísmo y por Israel?
R. Bueno, hay muchas razones. La respuesta sería larguísima. Supongo que hay varios elementos que me han llevado a ese interés. Cuando era pequeño vi varias veces 'Los diez mandamientos', de Cecil B. DeMille, con Charlton Heston haciendo de Moisés y Yul Brynner de faraón. A cierta edad, estas cosas impresionan bastante. Después, ya de más mayorcito me aficioné a las películas de Woody Allen, donde se hacen muchos chistes judíos divertidísimos.

P. ¿O seam que su fascinación proviene del cine?
R. El cine me llevó a leer las novelas de Isaac B. Singer, un monstruo de las letras. Y por último está Spinoza, claro. El gran judío español de Amsterdam, que sufrió la expulsión de la sinagoga y escribió ese monumento de la filosofía moderna que es la ‘Ética demostrada al modo geométrico’. El filósofo Gabriel Albiac escribió un libro clásico en los ochenta, —‘La sinagoga vacía’— de reciente reimpresión, que hablaba sobre todo ese mundo de la comunidad marrana de Amsterdam, exiliada desde España, y supongo que de ahí me viene la fascinación y el interés por todo lo judaizante. Sin ser yo judío, ni pretender serlo.

P. ¿Qué opina del nuevo intento o simulacro de intento de negociación con Palestina?
R. Me parece que será lo mismo de siempre: una manera de ganar tiempo por ambas partes, a la espera de mejores oportunidades para solucionar el asunto de manera que favorezca a Israel y sus aliados o a Palestina y sus valedores. Es el juego de las naciones y los imperios. Nada nuevo bajo el sol.

P. ¿Qué planes tiene de futuro?
R. Pues es difícil decirlo. De momento estoy muy a gusto en Taiwán. Pero como he dicho, me gustaría vivir una temporada en Estados Unidos o quizás regrese a España. Nunca se sabe. De momento, me quedaré aquí, hasta que la vida me ponga en camino otra vez. Todo se verá.

P. ¿Qué posibilidades de trabajo cree que ofrece ese país para los barakaldeses en paro?
R. Trabajos muy concretos. Aparte de las consabidas clases de español, en Taiwán se necesitan ingenieros informáticos —de software, se entiende… y agentes comerciales que busquen y fidelicen clientes de Hispanoamérica para las empresas de exportación e importación taiwanesas. Creo que también tendrían posibilidades aquellos que tengan una buena formación en turismo y capacitación de personal hotelero. Taiwán se quiere convertir en un paraíso turístico pero aún necesitan formación en esta área. Lo mínimo es tener un buen dominio del inglés. Si después aprendes chino las posibilidades se abrirán aún más.