Barakaldo, 5 mar 2026. Comunicado de la Plataforma de Pensionistas. No es país para viejas. Un año más mujeres de todo el mundo celebraremos, o en algunos casos lo intentarán, no siempre podrán, el 8M. Nos sobran motivos para salir a la calle a reclamar nuestros derechos, (siempre cuestionados por un sistema que lejos de proteger, combate y penaliza a la mitad de su población) denunciar la violencia, la desigualdad, la misoginia y también el edadismo institucional que padecemos millones de mujeres en este País.
Esta última violencia la venimos sufriendo desde siempre, pero desde hace unos años con la aparición y el auge del movimiento pensionista, en 2018, se pone constantemente de manifiesto que millones de mujeres pensionistas tienen unos ingresos que no alcanzan el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), ni tan siquiera llegan a los mil euros.
Dentro de esta cifra, que abochorna, casi medio millón de mujeres perciben pensiones no contributivas que no alcanzan los 630€. Esto implica que, de forma mayoritaria, las mujeres pensionistas sobreviven en condiciones cercanas al umbral de la pobreza y en el caso concreto de las pensionistas que perciben una pensión no contributiva, y según los parámetros utilizados en España, su situación se define como “pobreza severa”. Esta clase de pobreza es la que impide tener una alimentación adecuada, poner la calefacción en invierno, cambiar las gafas o ir a la consulta del dentista. Las razones de este maltrato institucional son repetidas reiteradamente: “no han alcanzado los mínimos de cotización exigibles, sus pensiones son el resultado de sus cotizaciones”. ¡Y ya está…!
Los distintos gobiernos de turno, incluidos para nuestra vergüenza los democráticos, han obviado intencionadamente está situación.
El hecho de que las mujeres hayamos tenido durante años la prohibición expresa de trabajar desde el momento en el que contraíamos matrimonio (época franquista), qué trabajos ineludibles para la continuación de la especie, como ser madres, la crianza de los hijos e hijas o el cuidado de nuestros mayores nos hayan abocado a tener menos recursos en la última etapa de nuestras vidas debería ser suficiente motivo para subsanar esta injusticia, no obstante, no parece que esto vaya a ocurrir.
Las consecuencias de unas políticas laborales en las que no se tiene en cuenta a la mitad de la población, y en concreto a las mujeres pensionistas, tienen efectos muy negativos sobre este colectivo de mujeres: es un hecho que la esperanza de vida es más alta en las mujeres, pero lejos de significar una ventaja, dada la escasez de recursos propios e institucionales, nuestra calidad de vida se resiente: enfermedades crónicas, dolores musculares, cardiovasculares, etc. La sanidad no ha desarrollado aun programas de género que puedan aliviar nuestras dolencias, esto sin contar con largas lista de espera para tratamientos, por ejemplo, como la fisioterapia.
Muchas mujeres pensionistas tenemos el convencimiento de que esto solo se debe a un desinterés total por nuestra situación y a falta de voluntad política: Solo tendrían que destinar una parte del presupuesto que va a financiar el armamento a mayor gloria de la OTAN ¿En qué mundo viven nuestros representantes políticos cuando pretenden que millones de mujeres vivan con menos de mil euros y en algunos casos con la mitad? Si se analizan los hechos pasados y la insuficiencia de medidas correctoras, de las que citaremos algunas que se han implementado a lo largo de estos años: complementos por hijo, permisos de maternidad y paternidad, conciliación de la vida familiar…etc., para conseguir que esta situación mejore, veremos que las nuevas generaciones de mujeres van a tener que seguir dando la batalla en primera línea. Pese a que la revalorización anual de las pensiones tiene un complemento específico de brecha de género, como los cálculos de las mejoras son porcentuales, las diferencias en vez de disminuir aumentan. La medida más efectiva sería que todas las pensiones, sean altas o bajas, suban cada año la misma cantidad de dinero, sin aplicar %
Actualmente la diferencia de pensiones entre hombres y mujeres (brecha de genero) es más de un 30% negativa para las mujeres, la brecha salarial entre hombres y mujeres es de un 20%, negativa también para las mujeres. ¡Sencillamente, no es de recibo…! El mundo ha cambiado, las épocas se han sucedido, sin embargo, la situación social y laboral de las mujeres no demuestra grandes mejoras. Las últimas estadísticas ofrecen esta imagen: dedicamos más horas a las tareas del hogar y a los cuidados de nuestros familiares que nuestros compañeros, trabajamos por cuenta ajena o propia y el cómputo nos sigue saliendo negativo: más trabajo no se convierte en mejor vida.
En el siglo de la IA no se puede permitir que las mujeres, y en este caso las mujeres pensionistas, sean las “pagafantas” de un sistema que nos ignora, que no reconoce nuestra aportación ni nuestra contribución social.
A modo de aviso para navegantes a nuestras hijas, nietas y a las generaciones venideras: la única batalla que se pierde es la que no se da.
Mientras tanto, seguimos recordando una vez más nuestras prioridades en materia de pensiones y os esperamos aquí el próximo miércoles a la misma hora:
- Pensión Mínima = Salario Mínimo Interprofesional (SMI)
- Revalorización lineal de las pensiones
- Blindaje constitucional de las pensiones
- Aumentar las cotizaciones de las rentas más altas
- Suprimir la penalización de las jubilaciones anticipadas involuntarias
- Anular los beneficios fiscales de los planes de pensiones privados y EPSV.
¡GOBIERNE QUIEN GOBIERNE, LAS PENSIONES Y TODO LO PÚBLICO SE DEFIENDE! ¡EL PUEBLO INFORMADO Y CONCIENCIADO JAMÁS SERÁ DOBLEGADO!
Barakaldo a 4 de marzo de 2026.
