En un momento marcado por la preocupación por la salud mental juvenil, la soledad creciente y la pérdida de espacios de relación compartidos, cada vez más voces señalan a la escuela como uno de los pocos lugares capaces de generar vínculos estables y comunitarios. Construir y mantener relaciones sociales duraderas ha sido un valor fundamental para las personas y las comunidades; un valor que la sociología identificó y nombró como capital social.
El capital social hace referencia al valor de las relaciones, de los vínculos de confianza y de las redes comunitarias que permiten a las personas y a las instituciones funcionar mejor. Aplicado a la educación, este enfoque sitúa a la escuela como un espacio clave de cohesión social. El sociólogo estadounidense James S. Coleman lo formuló con claridad en su artículo “Social Capital in the Creation of Human Capital” (1988), al defender que las relaciones sociales no son un elemento secundario, sino un recurso que facilita el logro educativo. Cuando existe una comunidad educativa cohesionada –señalaba– educar resulta más eficaz.
Desde esta perspectiva, la cercanía entre un centro educativo y su entorno cobra un valor decisivo. Los centros con un fuerte arraigo local tienden a convertirse en espacios compartidos y estables dentro del barrio, reforzando la confianza mutua entre familias, alumnado y escuela, y favoreciendo un mayor compromiso educativo.
Este enfoque conecta con el informe PISA 2022, donde la OCDE amplía el análisis educativo para incorporar el bienestar, el sentido de pertenencia y el clima escolar. El informe subraya que la calidad de las relaciones y la percepción de apoyo dentro de la comunidad educativa influyen directamente en la experiencia escolar del alumnado, especialmente en un contexto marcado por las consecuencias sociales y emocionales de la pandemia. La escuela aparece así no solo como un espacio de aprendizaje, sino como un entorno protector y de referencia comunitaria.
En este marco, el papel de las escuelas con una larga trayectoria en un mismo barrio adquiere una dimensión especial. Estos centros no solo transmiten conocimientos, sino que acumulan capital social intergeneracional: vínculos que se mantienen en el tiempo, valores compartidos y un fuerte sentimiento de pertenencia. Las celebraciones escolares que se convierten en fiestas del barrio, los patios abiertos o la participación activa en la vida comunitaria son expresiones visibles de ese capital social en acción.
Salesianos Barakaldo, con casi 130 años de presencia continuada en la ciudad, representa este modelo de escuela arraigada. Su historia muestra cómo un centro educativo puede actuar como punto de encuentro, generador de vínculos y espacio de confianza compartida entre generaciones. En una sociedad que busca recomponer lazos y ofrecer entornos estables a niños y jóvenes, el debate educativo y la evidencia sociológica coinciden en una idea esencial: educar también es construir comunidad.
Salesianos Barakaldo es un centro educativo con más de 125 años de historia que ofrece una formación integral desde Educación Infantil (a partir de los 2 años) hasta Bachillerato, pasando por Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria. De iniciativa social e inspiración cristiana, el centro desarrolla el modelo educativo salesiano, que combina el aprendizaje académico con el acompañamiento personal del alumnado. El centro pone el acento en la educación en valores, el respeto y la responsabilidad personal, dentro de un entorno educativo cercano y reconocible para generaciones de familias de Barakaldo.
