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Opinión | Insumisión: algo más que un aniversario


Mariano Gómez Sanz*, barakaldés, primer insumiso vizcaíno juzgado y encarcelado

Estos días se cumplen 25 años de las primeras presentaciones de objetores insumisos en los gobiernos militares. 25 años de las primeras presentaciones públicas de jóvenes desobedientes, que se negaban a acudir al servicio militar, a colaborar con los ejércitos, con el militarismo y con todo lo que representa. Jóvenes que decían —decíamos— no a la sumisión, al autoritarismo, al machismo, a las guerras preventivas, a la política de dominación militar de los pueblos, a la resolución armada y violenta de los conflictos, a la carrera armamentística, a la industria militar.


Veinticinco años desde que se pusiera en pie aquella locura maravillosa de desobediencia civil no violenta decidida un año antes por el movimiento de los objetores de conciencia organizados. Una locura, sí, porque no podemos olvidar que se decide en un momento crucial para el movimiento antimilitarista.

Los objetores de conciencia habían dejado de ir a la cárcel, en espera de que se hiciera una ley que regulara dicha opción. El retraso en ponerla en práctica había hecho que hubiera una bolsa de miles y miles de objetores en espera de lo que se decidiera hacer con ellos; supuestamente los más concienciados, los más experimentados, los que más daño podían hacer al estado y al ejército en su respuesta antimilitarista.

Por eso, cuando se decide poner en práctica la “Ley de Objeción de Conciencia”, que quería encauzar el problema sin poner en cuestión el sistema; el Estado declara una amnistía dejando exento de cumplimiento a los miles de veteranos objetores. Con esta medida se quería romper este movimiento colectivo y plural; y crear una fractura entre los nuevos jóvenes objetores y los antiguos (táctica que irá utilizando una y otra vez en todo el proceso de desarrollo de la dinámica de Desobediencia Civil contra el Servicio Militar Obligatorio -SMO-). Pero ante un aumento de los recortes y requisitos a optar a la Objeción de Conciencia, lo que no se espera el Ejército es la reacción del movimiento antimilitarista: la apuesta por la Desobediencia Civil y la insumisión.

Estrategia que muchos tildaron de locura, de llevar al desastre a los que optaran por ella. Y es verdad, que en aquellos años el resultado de optar por la negativa pública a presentarse en los acuartelamientos militares -asumiendo sus consecuencias-, era represión y cárcel.

Era una locura, sí, pero MARAVILLOSA. Se pretendía poner en evidencia todo un sistema injusto, asumiendo la represión como mejor forma de llegar al conjunto de la sociedad; dejando muchas veces en ridículo al Estado, y ganar apoyos y mayorías sociales. Y fue una locura maravillosa porque en contra lo que se pensaba en los círculos de poder y en la oposición responsable, una parte importante de la juventud de entonces apoyó la idea, se comprometió con ella, y participó activamente en la lucha con aquellos que se animaban a ponerla en práctica. Año a año el número de insumisos aumentaba, y su apoyo social y político se multiplicaba. Hay que recordar que, en un principio, ni los partidos de la izquierda parlamentaria (H.B, E.E, PCE-I.U) apoyaban la idea.

Una locura maravillosa, porque también se demostraba en la práctica que había otras formas de hacer política, de hacer las cosas. Las decisiones se tomaban en asambleas con la participación de todos y todas (esto fue muy importante, porque aunque en un principio se pudiera pensar que era un problema que iba a afectar única y exclusivamente a los jóvenes, el papel de la mujer en este proceso ha sido muy importante, en la toma de decisiones, en la participación en las asambleas, en las movilizaciones). Y siempre con un respeto escrupuloso a la decisión individual final. La decisión estratégica era colectiva, pero la asunción era individual, respetando todas las decisiones (y esto se vio claramente en el momento del plante, del rechazo al 3º grado penitenciario).

La insumisión se gano a la juventud de aquél momento, se ganó a la calle, al sentir mayoritario de esta sociedad. Ni la estrategia del Estado, siempre bien pensada, pudo con ella. Ni cuando aumentó las penas de cárcel queriendo hacer una nueva diferenciación entre nuevos insumisos y anteriores (los segundos rechazaban la libertad condicional en solidaridad con los nuevos); ni el último intento del estado, cuando ya le era insoportable mantener tantos jóvenes presos, otorgando el 3º grado penitenciario (“sólo” había que dormir en la cárcel) rechazado con el plante público, con el quebrantamiento de condena y vuelta a la cárcel.

Un movimiento único, que supuso, a pesar de los momentos duros, un privilegio para tod@s aquell@s que pudieron participar en él. Que creó una forma de ser, de pensar, y de actuar por encima de los encuadramientos políticos.

Dinámica que generó una red de relaciones sociales y personales difícilmente superables. Qué dejó muchas imágenes en nuestras retinas: insumisos con la mochila en las puertas de los gobiernos militares dispuestos a entrar en prisión; jóvenes acudiendo a juicios dispuestos a asumir las consecuencias de sus actos de Desobediencia Civil; renuncias a salidas individuales para mantener la lucha colectiva; jóvenes apaleados permaneciendo en el suelo, brazo con brazo sin dar ni una respuesta; movilizaciones imaginativas y trasgresoras que rompían moldes con las formas tradicionales de reivindicación y protesta;…

En definitiva, hace 25 años la INSUMISIÓN fue un ejemplo de lucha radicalmente comprometida; radicalmente desobediente frente a situaciones injustas… y que, ¿por qué no?, pudiera ser trasladada a otros ámbitos de la lucha política y social.

Experiencia de “Desobediencia Civil” pública y colectiva que ha trasvasado el ámbito antimilitarista para acoger otros discursos y dinámicas de protesta social como las ejemplificadas a lo largo de estos años de recortes y crisis social. Y ahora que se intenta militarizar aún más la sociedad con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, nosotras y nosotros decimos que: ¡Sí se puede!... Si podemos cambiar el actual estado de cosas a través de la lucha social en el ámbito de lo cercano y lo local.

* Mariano Gómez Sanz (primer insumiso vizcaíno juzgado y encarcelado); y personas que fueron juzgados por su condición de insumisos: Gorka García Jaio (insumiso al Servicio Militar Obligatorio); David González Cebrián (insumiso al Servicio Militar Obligatorio); y Juan Carlos Becerra Serrano (insumiso a la PSS).

Plataforma barakaldesa contra la exclusión social y por los derechos sociales, Berri-Otxoak